martes, 22 de marzo de 2016

Y SI NO HAY NOCILLA.....¡PUES TULICREM!

“Pasa pasa, tú pasa al paritorio, que eso es lo más bonito que hay”, te dicen todos los que ya han sido padres con cara tierna. Menudos cabrones están hechos… ¡Lo más bonito que hay! Pues perdonad que os diga que lo más bonito que hay no es eso. El tema de los sinónimos lo llevamos mal en este país. Cuando ves a la persona que más quieres, con la personita que más vas a querer dentro de ella, en esa posición pre-parto, con gomas y vías por toda su alma, la cara ‘desencajaica’ del dolor de las contracciones, … ¡Eso ya os digo yo que no es bonito! Agobiante y angustiante SÍ,bonito NO.
Cuado le dicen a la mamá que la epidural no ha hecho efecto y hay que apretar como se apretaba hace cuarenta años, ¡bonito, bonito, no es! En ese mismo momento tú estrangularías a la anestesista con tus propias manos y eso tampoco es bonito. Cuando ves cómo sale la cabecita de tu pequeño por un orificio por el que jurarías que es imposible que salga un ratoncejo, eso es impresionante, si me apuras hasta emocionante, pero creedme que ¡bonito, bonito, tampoco es!
Cuando se pierden los latidos del pequeño y no los escuchas: eso no es bonito. Luego te mira una enfermera y te dice: “tranquilo, es que se ha desajustado la goma pero no hay problema”. A ti entonces te entran ganas de llorar y no es ni de emoción ni de lo bonito que te parece, son las ganas de llorar de querer morirte y eso, bonito no es.
Luego sale esa personita, la ponen encima de la madre que está extasiada y rota de dolor y ves a tu pequeño, lo tocas, le cuentas los deditos, le pones el tuyo en su mano y él lo aprieta. Eso es muy emocionante, increíble, impresionante, mágico si me apuras. Pero tu aspecto, el aspecto de la madre, del hijo, de la sala, del sillón de torturas, del ambiente en general, ¡ya os aseguro yo que bonito, bonito no es!
¿Sabéis lo que es bonito? Bonito es cuando tu pareja está limpita en la habitación del hospital, relajada, tranquila y a tu bebé lo han lavado, le han echado cremita, le han puesto su primera ropa y te lo entregan hecho un muñequito entre algodones, tan guapo…¡Eeeeeso sí es bonito, eso sí!
Así que os recomiendo que paséis a ver a vuestras mujeres parir, a ver lo valientes que son, lo grandes que son y lo que es la vida. Os daréis cuenta de lo duros que somos a la vez que frágiles, de lo valientes que somos a la vez que cobardes, y muy especialmente os daréis cuenta del amor de vuestros padres. Viviréis unas emociones impresionantes, pero no os paséis esperando algo bonito, que lo vais a pasar peor que el que se tragó el paraguas.
Y la vida cambia, ya lo creo que cambia. Porque ese monigote, al que aún es demasiado pronto para que te una algo más que lo meramente biológico, se ocupa de recordarte con su presencia que se te ha acabado la vida de antes. En menos de una semana tu casa se empieza a llenar de cosas increíbles, comenzando por el cochecito. Un cochecito que lleva más tontería que el vestidor de Carmen Lomana y que en menos de un año no te vale para nada.
En tu mundo empiezan a entrar ‘palabros’ del tipo: cambiador, calienta-biberones, max-cosi, mini-cuna, humidificador, saca-leches, capazo y uno de mis favoritos: el increíble sacamocos. ¿Sabéis los que no tenéis niños cómo se utiliza un sacamocos? Yo tampoco lo sabía. ¡Ale, ale, echadle imaginación!
En vuestro baño empiezan a entrar artilugios del tipo de la bañerita, sillita para bañera, mini-water musical, patos, peces, pulpos y demás animales de goma. La cocina se llena de biberones, leches en polvo, potitos, baberolas, platejos y cubiertos de plástico y hasta un esterilizador, que te preguntas tú al cabo del tiempo: ¿Cómo se podrían apañar nuestras madres y abuelas sin un esterilizador, humidificador, calientabiberones y demás cachivaches? Y lo más importante ¿Cómo se apañarían sin un sacamocos?
Mis armatostes favoritos son esos de gran tamaño. Teniendo tres o cuatro danzando por la casa, una de dos: o te vas a vivir al Palacio Real de Madrid o te tienes que salir porque no cabes… ¿Os imagináis una casa de tamaño no muy grande con un cambiador, una cuna, un parquecito, una mecedora y un tacatá? Pues eso no es nada, ¡ahora viene el convoy de transporte! Mi hijo de dos años y medio tiene triciclo, correpasillos, moto y bici… ¡A este paso, con cinco años lo llevo con Félix y que le deje un camión!
Ahora que al cabo de los años has aprendido a beber, con modo y saber, la cantidad de ginebra exacta para que el gintonic esté en su punto, veste olvidando de todas esas tonterías, que las medidas son otras. Las medidas ahora van en centilitros para los biberones y en cucharadas rasas para la leche. Y luego hay que mirar la temperatura en el dorso de la mano. Vaya contradicciones: al gintonic le echas un traguejo y si le falta frío le metes otro cubito y arreando. Y luego también están las ‘mini-medidas’. Eso es (por compararlo con algo) como los chupitos. ¿Os acordáis del famoso chupito de piruleta? ¡Cipotazo de Amareto, chorreón de granadina y rellenamos con vodka! Pues por ejemplo los aerosoles van igual: ¡Cipotazo de suero, minidosis de nebulizador, rellenamos con Ventolín…y ale, a hacer vahos!
Pero, vamos a ver, ¿os acordáis cuando erais pequeños y os poníais maletes cuántos vahos de esos hacíamos? Ninguuuuuuno. El protocolo era el siguiente: visita al médico, cuatro rejonazos de ‘Pepeluis el practicante’ y en cinco días nuevo. En cualquier casa de los años setenta había: Bisolvón, mejoral infantil, Vick Vaporub, tiritas, agua oxigenada, ‘micromina’ y para de contar. Ahora en casa tenemos más medicamentos que en la farmacia. Y es que vas a por un jarabe pa la tos y te preguntan que qué tipo de tos tienes. Antes sólo había dos tipos de tos: la de fumar y la de estar malo. ¡Ahora hay más toses que denominaciones de origen en los vinos!
Y luego lo que ha cambiado la vida de esos años que hablo a esta parte. ¿Os acordáis dónde había que ir a comprar los ‘yugures’? ¡A la pastelería, sí hombre sí! Ahora vas a cualquier súper y tienes veinte mil yogures: yogures para bebés, con duz, sin duz, con frutas, sin frutas, con bifidus,  bioactivos, reductores del colesterol, griegos, rusos y filipinos… que no sabes cual coger y te ‘atoras’. Y es que nos sobra estantería y nos sobra también tontería.
Hace unos años salieron unos, no sé si os acordáis, con L-Casei inmunitas. ¿Pero eso qué pijo es? ¿Eso dónde se compra? Os imagináis al dueño de la Yoplay al telefono: “¿Oyeee a cómo tenéis la lcasei?... ¡no jodas!... habéis subío el precio cabronazos. ¿Y la inmunitas? Venga, mándame un camión con Timote. Sí sí, me echas medio y medio, ¡pero el L-Casei échamelo más trabao que la otra vez venía mu suelto!”.
Y con el tema de los pañales, no ha cambiao el cuento ni ná. Nuestras pobres madreslavando pañales reutilizables y ahora hay pañales con total absorción 12 horas, con doble elástico, extra sujeción,  confor-dry , pa bañarte, con aloe vera, con elementos dermoprotectores… ¡De aquí a ná los sacan con indicador acústico de plasta recién plantá!
Así pasa, que con tanto cambio está bajando la natalidad como bien comentaba en un artículo el amigo Juanjo Romero. Y es que vivimos en un constante sin-vivir, pendientes del móvil , los horarios, y metidos en un mundo de consumismo, cuando antiguamente también era consumismo: con-su-mismo libro, estudiaban tres hermanicos, con-su-mismo abrigo valía pal pequeño y pal grande, y con-su-mismo tablet… ¡Qué pijo tablet, si lo más parecido a una tablet era un trompo!
Bueno, como podéis comprobar, me lío a hablar de una cosa y me voy del hilo sin decir ¡mepaece! Espero que hayáis comenzado bien este nuevo año y que os hayan traído muchas cosas los Reyes Magos. Porque en los Reyes, aunque seamos mayores, hay que creer. Al fin y al cabo todos hemos sido niños y quién no se acuerda de aquellas mágicas noches de Reyes en las que nos acostábamos esperando a que llegase la mañana y… ¡eso!... ¡no hay palabras! Y a los que se nos había olvidado un poco, ahora se nos refresca la memoria y lo vivimos con más intensidad incluso que antes reflejado en la mirada de nuestros hijos o nuestros sobrinos. ¡Esa ilusión, esa inocencia!
Una última cosa a los futuros papis: ¡Pasad, pasad al paritorio!…¡QUE ESO ES LO MÁS BONITO QUE HAY!

"LAS TETAS DE LA PREYSLER"

¿Bueno qué? ¿Superado el primer asalto? ¿Os habéis comido tó y os habéis bebido hasta la pez? ¿Todavía queda algún langostino por ahí suelto? Venga coméroslo ¡que va a empezar a oler ya! Como lo dejéis mas días es capaz de abrir el taper él solico e irse a vivir al rincón de abajo a la derecha, ese que nunca miráis, allí junto al limón incorrupto y seco del año 2014. La cena bien, imagino. Seguro que acabasteis hablando de política, discutiendo con el cuñao de turno ¿no? Venga, venga, que a mí no me engañáis hombre, que ya nos conocemos.
Bueno pues daros tiza que en menos de una semana y sin casi haber limpiado las tripas de la cena de Nochebuena, tenemos aquí la queridísima Nochevieja. Esta sí me gusta a mí, jajaja, vaya si me gusta. Venga no me engañéis… ¿Quién no ha llegao tostao alguna vez a la cena de Nochevieja? Bueno, algunos llegan tostaos todos los años, pero esos son caso aparte. Además, esto también va con la edad.
Pero ese ‘puntete’ de como que te has pasao tres cervezas, dos cubatas y la última copa de champán en el bar de toda la vida, ese bendito puntete, todos lo hemos llevado alguna vez a la cena de Nochevieja… Que llega uno ¡como pa cenar! Lo que tienes es ganas de acostarte, o en el peor de los casos, de morirte.
Y es que estás en el bar y cuando dices de irte ves a la amiga que llevas sin ver desde el día de tu boda y venga, dos besos, y cuéntame dónde andas hermosamía, que después de China y Tenerife te perdí la pista. Y haces otra intentona y aparece el primo lejano que ya te ha pedío un cubata y no te quedan más cojones que tomártelo. Y en la tercera intentona, ese amigo cansiiiiino que te engancha del traslape y te habla con la boca pegá a la oreja como si te fuera a sorber el tímpano cual caracol de la feria de Albacete. Y es que no se oye nada la conversación porque el dueño del bar se ha tomao cuatro cacharros tamién y le ha dao el subidón y te ha puesto la típica canción de ‘Un año más’ de Mecano a lo que da el amplificador, o sea, con la ruleta pa la derecha del tó y la regleta de la mesa pa arriba.
Es en ese momento en el que estás tan agustico cuando de repente se para la música del tó, así como en seco, y en ese mismo momento tú sueltas a voz en grito: “¡Venga, pon la última del año!”. Y te quedas solo, solooooo, ya se ha ido todo el mundo de golpe, se ha quedao el local vacío en menos tiempo que se persigna un cura loco, los camareros en vez de abridores tienen cepillos en las manos y te están barriendo los pies, literalmente. La madre del cordero, ooootra vez cerrando el bar hasta en Nochevieja, con casi los mismos de siempre…¿Y qué? ¿Y cuánto vale eso? Eso no tiene precio, pero eso sí, ¡a ti no hay quien te quite el puntete!, ¡estás tú ahora pa cordero en salsa!
Todo esto que os cuento a mí se me terminó el año que nació mi hijo, pero lo recuerdo y añoro con la misma intensidad y me gusta revivirlo, y sé que algunos os sentiréis identificados conmigo.
Y comienza la cena. La última cena del año y como siempre con bandejacas de condumio como si fueran a prohibir la comida al día siguiente. Así es que armaros de valor y venga otra vez con el jamón, el canapé de salmón, los patés y arreando con el corderazo ahí a tope-caldera. Y venga vino y venga alegría y venga también alguna ‘lloraera’ y algún mal rollo si alguno hace ‘vino de llorar’, y se acuerda de alguno que ‘falta’, que aquí como decía mi padre: “Esto está mu bien inventao hijo mío, y desde que naces ya llevas papeletas y cada año te dan un puñao más, seas rey o mendigo”.
Y cuando estás aún con el tiramisús en la boca resulta que se te han echao las doce encima y toca comerse las uvas. Esto es otra historia dentro de la historia. ¡Vamos a ver, que yo no tengo nada contra los alicantinos!,  ¡nadaaaa!, pero ¡que las uvas Vinalopó no te caben en la boca al ritmo de las campanas, a no ser que seas como yo,una trituradora humana!
Aquí en La Mancha siempre se han comido las uvas de la zona, de las que se guardaban ‘pa colgar’. Y esas uvejas colgás de septiembre a diciembre se quedan como las tetas de la Preysler sin silicona: ‘Engorruminás’. Esas uvas son ideales para las campanadas, pero las alicantinas son más gordas que las castañas de Carrizo. Te atragantas sí o sí y más si hay alguno haciéndote momios y risas.
Luego en la familia también está el típic@ que masca la granilla. ¡Nada, que no saben comer uvas! En plena Mancha, tiene delito eh. Y venga a ronchar granillas, con lo áspero que es eso. ¡Se trata de no pisar la uva con los dientes hasta el final, copón! ¡Que no es tan difícil! Pa los delicaetes del tó ya están las de bote, en almíbar, que digo yo: ¿habrá quien se coma esas uvas en Nochevieja? Y se ve que sí, porque en el súper de enfrente de mi casa llevan puestas más de un mes. Y luego están los que despiden el año con lacasitos gominolejas, ¡ahí ya ni me pronuncio!
Y ahora viene el gran dilema: ¿en qué canal se ven las campanadas? Cuando no teníamos nada más que la Televisión Española era casi lo mejor, porque no quedaba más remedio que verlo ahí. Pero aaaaamigo mío, ahora hay muchas opciones y seguro que en algunas casas hasta se discute por eso. Me imagino a alguna señora viendo las campanadas en la primera con ese hombre que toda madre soñaría por yerno (Ramón García) y el marido en la cocina en la tele pequeña viendo a la salá de la Pedroche en La Sexta con menos ropa que un niño Jesús… Ale ale, pa gustos colores.
Y hablando de gustos, lo que da gusto es ver es esa Puerta del Sol a reventar con la gente contenta, llena de alegría con esos gorros de Papá Noel, esos cuernos de reno con todos los extras: luces, brillantinas, etc. Esa imagen siempre la he visto en televisión y cuando tenía entre 18 y 28 años recuerdo que pensaba: “¡Qué envidia estar ahí!”. Entre los 29 y los 40 pensaba: “¡Que pereza ir ahí!”. Y este año, por ejemplo, y sintiéndolo mucho, pensaré: “¡Qué miedo estar ahí!”.
Es en ese momento en el que empiezan los nervios: tilintilintilintilin. Los cuartos (cuartos es lo que nos hacen falta, que la lotería no ha dao ni pa un café) y ya enseguida las campanadas; claaaan, claaaan. Y algún listo dice: ¡No, no, que eso son los cuartos! Venga ya hombreeeee y la gente ya se lía con los cuartos, los quintos y su puta madre. Algunos empiezan antes, otros llevan cuatro campanadas y no han empezado, otros se atragantan o empiezan a escupir granilla, a otros les da la risa o la tosiquera y alguno se va al baño a pegar la bocaná, la de las uvas no, la bocaná de los últimos cubatas del bar del amigo.
Pero cuando acaba toda esa emocionante y cómica liturgia en la que cambiamos de año, a casi todos se nos escapa una lagrimeja de emoción. Yo la tengo catalogá como la lagrimeja de que en el fondo somos ‘güena gente’, cada uno con nuestras caunás. Personas, tipejos, hombres, mujeres y locos bajitos mezclados en este fantástico paísque tanto trabajo nos va a costar, por mucho que nos empeñemos, en desmembrar y en echar abajo.
Y nada, a partir de ahora comienza la noche loca. En mi época de mocedad, con el bocao del turrón ya me estaba tomando un café en el Bloody y luego, o bien fiesta privada, o a la Tía ElisaDulce y recorrido de bar en bar hasta acabar en la churrería dePilar la churrera, frente a la esquina de Rogero, a las seis de la mañana, en estado fino filipino y con la corbata en la frente. Hoy en día, la gente jovenzuela, la muchachada (me gusta mucho ese palabro), sale a partir de las tres y media y se van a un local y hasta las seis no entran en los bares… Costumbres que cambian, generaciones que cambian, la finalidad la misma: beberse hasta el agua de los floreros y darle la bienvenida al nuevo año.
Bueno ya termino que me pongo mu cansino. Desde Socuéllamos Digital OS DESEO que vuestros sueños se cumplan porque, como dijo William Shakespeare, “un hombre que no se alimenta de sus sueños envejece pronto”. OS DESEO que realicéis vuestros viajes porque, como dijo Carlo Goldoni, “el que no sale nunca de su tierra está lleno de prejuicios”. OS DESEO mucha salud porque, como dijo Le Bouvier de Fontenelle, “la salud es la unidad que da valor a todos los ceros de la vida”. Y FINALMENTE OS DESEO ¡que os comáis y os bebáis to, que lo peor es morirse uno!... Esa frase es mía.
FELIZ 2016
PD: Desde aquí, y como me afecta directamente, quiero hacer un especial reconocimiento a toda esa gente que en ese último día y, sobre todo, en esas últimas horas del viejo y primeras horas del año nuevo, están trabajando para que todo esto rule. Médicos de guardia, enfermeros, gente que está de guardia como farmacias, bomberos, policías, Guardia Civil, recepcionistas, taxistas y, sobre todo, a esos a los que tanto admiro yo… ¡Mis benditos camareros! Haced el favorcico de no darles mucha guerra esa noche.

¡FOFISANOS Y GORDIBUENAS!

A mí si me veis por la calle andando y sin saber lo que peso, es  decir, así ‘a ojo de buen cubero’, vosotros como cualquier persona normal, imagino que más o menos tenéis claro que estoy más cerca de los cien kilos que de los cincuenta, ¿no? Pues en cualquier tienda Zara o similar no lo tienen claro. Eso sí, guapas son muy guapas todas y todos, y qué bien peinados y qué profesionales parecen, con esa soltura y ese desparpajo pa doblar veinte camisetas sin siquiera mirarlas en ‘cerocoma’ segundos.¡Pero almacántaroooo! ¿No te das cuenta que soy un bollagas? No me des camisas‘entallaetas’ que me voy a acordar de tu family cuando entre al probador.
Parece que les luce, oye. Parece que dicen: “mira, ya viene por aquí el ‘bolsas’ éste, vamos a darle unas cuantas camisas entallás y con el cuello pequeño pa que no le entren ni los tocinos, ni las cocochas”.
¡Pues mira, guapita de cara, si he pasao ha sido casi por mirar! Porque yo cuando voy a Albacete, por ejemplo, es a que me afilen las tijeras de la peluquería y a darme un homenaje de tapas en la Higuerica o algún bar similar. Si encima que vengo dándome un paseo pa que se me baje la comida y paso a mirar algo, me recibes así, me doy media vuelta y me meto en una cafetería a tomarme un café y media docena de susos, y ya se te ha acabao el ‘blas fridayn’.
En el pueblo no pasa eso. Aquí nos conocemos todos, y si vas a un comercio del pueblo a por una camisa y eres gordo, te sacan una camisa pa gordos. Y si eres flaco, pues una con menos tela, la entallaeta por ejemplo.
Bueno, luego también imagino que hay ‘gente pa tó’, que todos tenemos algo (algo mal dentro de la cabeza me refiero)… Vaya, que hay algunos como yo, o más bollagas aún, que llevan las camisas esas. ¡Pero hermoso míoooo! ¿No te das cuenta que pareces un botijete? Se ve que no. A lo mejor se ha apuntado al gimnasio, lleva una semana, ya se ve más escurriete y se ha lanzao en plancha con la camisa entallá. Bueno, con la camisa entallá, los mocasines amarillos y los vaqueros de pitillo rosa.
No me negaréis que no hay modas feas, como esa de los vaqueros de colorines, que hace dos años en el Domingo de Ramos parecía la plaza ‘El mundo de fantasía de mi pequeño pony’. Otro año empezaron a crecer los caballos de Ralph Lauren y faltaba camisa, y hubo una temporada que venían todos los polos con una banda cruzá que parecía que se bajaba la gente del coche con el cinturón de seguridad puesto ¡Ay madre qué modas!
No os ofendáis por todas estas observaciones, vuelvo a lo de antes (todos tenemos algo). Yo por ejemplo soy un tacaño comprando ropa de siempre. Me puede durar una camisa años, pero no uno ni dos, y me parece todo carísimo. Lo mío ya es de mirárselo,a mí me parece caro hasta el Primark. Siempre pongo el mismo ejemplo: a mí una camisa de más de veinte euros me parece una puñalá, es que me cuesta sacar la cartera. Ahooooora bien, llévame a un bar y ponme buenas viandas y buenos caldos, y más viandas y más caldos, y buenos postres y si me pides cincuenta como si me pides sesenta.
Con los años nos volvemos más maniáticos. Yo no sé si será la famosa crisis de los cuarenta, pero cada vez me da más igual todo. Ahora bien, lo que me molesta, me molesta más que antes ¡Me estaré haciendo viejuno!
¿Os habéis fijado, volviendo a lo de antes, cómo nos manejan para llevarnos al terreno del consumo? Ahora a los que estamos gordotes nos llaman ‘fofisanos’ ¿Pero esto qué pijo es? ¿Fofisano? ¿Pa qué, pa que me conforme? ¿Pa que no me dé cargo de conciencia? De eso nada, estoy gordo. Llámame gordo, berzas, bollagas, cebolla, fondón, rollizo… ¿Pero qué es eso de fofisano?
Y cuando aún no había asimilado lo de fofisano, me entero que hay otro término para las mujeres, agárrate que chispea: ‘Gordibuena’. ¿Pero esto qué es? Yo no doy crédito a estos nuevos términos. Vamos a dejarnos de tonterías y hacedme caso: esta Navidad vamos a meternos una buena ensalá de omeprazol aliñada con almax y resalín y secrepat reforzado. A partir de ahí, buenos almuerzos gacheros, buenos embutidos, salid a comer, a cenar, a esas cenas de empresa y esos eventos familiares donde en la mesa no faltan los puñaos gordos de langostinos con mayonesa de esa casera pa comérnosla a cucharás.
Esos ibéricos, esos quesos, esos patés, ese marisco, esos buenos chuletones. Regadlo con buenos caldos españoles, si son de La Mancha mejor, y luego vamos a emplearnos con esas bandejas de ‘chocolón de turrate’ y de ‘mazapitas de figurán’. Esos mantecaos, pastafloras, rolletes de anís, y demás menesteres locales. Zampemos Ferreros Rocher cual sapirujos y rematemos la faena con unos litros de guiscolas o gintóniles, como si no fuese a haber mañana.
Porque el día 20 igual cambiamos de presidente, o igual no. O igual no se ponen de acuerdo pa cambiar. Pero es que el día 22, igual nos hacemos millonarios, o igual no, o igual nos vemos negros también pa llegar a fin de mes. Pero lo que se lleve el cuerpo, que se lo lleve con alegría ¡A ‘vuelcabombona’!...
Y si luego no os entra el vaquero ni con mantequilla, o tienen que tirar tu madre y tu suegra de la cremallera del vestido en nochevieja pa cerrarla, o le tenéis que poner un suplemento a la goma de la pajarita pa que dé la vuelta al gaznate o entraros la camisa con calzador (aunque no sea entallá), no os sintáis desconsolados ni afligidos. Al fin y al cabo no habéis engordado, vuestro cuerpo ha sufrido una metamorfosis y os habéis convertido en unos fofisanos y en unas gordibuenas.
FELIZ NAVIDAD A TOD@S
PD: Y seguid haciendo deporte, que yo no quiero ‘quitar voluntades’, pero si salís de ‘running’ echaros papel.

RUNNING BLINKING BARRING

¿Os habéis fijado en que cada vez la gente hace más deporte, sobre todo bici y running? Bueno, eso de running es ni más ni menos que correr pero echándole unas pocas ‘perretas’ a la equipación.
Hace unos años me dio por correr. Bueno, correr correr tampoco lo diría yo. Vamos a decir que me pegaba unos trotes, sin los artilugios que se llevan ahora, que más que corredores parecen extraterrestres con tanto fosforito, luces de señalización, gafas, geles de glucosa, ‘reloj pulsímetro, tensiómetro, tiempómetro’, GPS,  cascos para música… ¡Joder, que un día de estos van a salir ya con el desfibrilador incluido!
A los que somos un poco ‘cebollos’ como yo nos cuesta correr. Bueno, nos cuesta hasta andar. Yo me considero una persona muy vital, pero lo que es pa el deporte nací cansao. De pequeño sí que jugaba en el equipo de baloncesto y llegué a jugar en elSocuéllamos, creo que infantiles o alevines. A nivel de pueblo no había quien nos mojase la oreja pero era salir del pueblo y nos metían unas somantas que pa qué.
Bueno que me voy del hilo. Casi siempre me iba a dar unos trotes por la mañana, pero ese día no madrugué y decidí salir después de comer. Así es que, ni corto ni perezoso, me puse mi equipación consistente en unos pantalones de esos tipo mallas, camiseta suelta pa esconder las lorzas (seguro que de alguna marca deportiva tipo ‘Bifiter’ o ‘Caty Sark’), zapatillas de segunda mano heredadas de mi cuñadísimo Alumbreros y un mp3 con musiqueja.
Era invierno o primavera, no lo recuerdo bien, pero si os sirve de referencia fue aquel año en que tanto llovió, se desbordó el río Córcoles y el carreterín se llenaba de ríos de gente (valga la redundancia) que se acercaba a ver aquel espectáculo. En esa época yo vivía en la calle Amargura (deberían prohibir poner esos nombres a las calles). Bueno, el caso es que salía de mi casa, cogía la calle Nacimiento y me iba hasta el carreterín del Monte de la Raya y volvía por la carretera. Pero ese día ocurriría un acontecimiento que haría de mi ‘momento deporte’ una aventura o más bien una desventura.
Dicen que cuando corres, en la base del cerebro se producen unos neurotransmisores opioides que se llama endorfinas y hacen sentirnos bien. Se conoce que ese día las endorfinas se pusieron de acuerdo y se fueron todas juntas de juerga a mi intestino.
Podéis imaginar que el tema de hoy es un poco escatológico. El que no quiera que no siga leyendo, ‘no dirís que no los lo digo’.
Salí corriendo despacico y nada más comenzar me di cuenta que no había cogido el móvil, pero me dio pereza subir a por él. Así es que seguí con la marcheja y cuando llevaba como un kilómetro, noté un pequeño retortijón en la tripa, pero no le hice mucho caso. Continué, pero al avanzar otro poco más me dio un dolor muy fuerte en la barriga y noté como se me estremecía todo por dentro. Los retortijones eran muy fuertes y no me permitían correr, así es que decidí caminar, pero ni con esas. Me tuve que parar y la sensación no pudo ser más clara: me cagaba.
¿Hay algo más desvalido que un ser humano cagándose y sin sitio ni papel? Claro claro, algunos diréis: ¡el campo es muy grande, en cualquier sitio paras y plantas un pino!Pero aaamigo mío, recordad que hay mucha gente caminando, casi todo mujeres de las que salen a andar después de comer. Iban a ver el desbordamiento del Córcoles y como no apretase bien los molletes iban a presenciar otro tipo de desbordamiento y lo de plantar un pino menos aún, aquello no venía en estado sólido.
Imaginaros la situación: estoy a mitad de camino entre el río y mi casa, parado de pie con las piernas cruzadas y un sudor frío que me corre por la frente. Yo para disimularme agacho a hacer estiramientos, y las hermanas pasan por mi lado y se me quedan mirando como diciendo ¿este tío que hace? Y saludan, claro. ¡Buenas tardes! Y yo pensando: ¡No lo sabe usted bien señora, no lo sabe bien!
Los apretones eran como las contracciones de las embarazadas, se pasaban y yo me arrancaba corriendo sin separar mucho los glúteos para que no se escapase unachorrilá. Y notaba cómo venían las nuevas contracciones. ¡Ay madre que ratico más malo! Y oootra vez me paraba y hacía mis ‘estiramientos’. A lo lejos veo un coche de alguien conocido que tiene una viña por ahí. ¡Mi salvadooor! Pero cuando se va acercando a mí, pienso: ¡A ver Javi, no te engañes, no llegas al pueblo con ese Aliens en tu cuerpo ni loco! La explosión es inmediata y a ver cómo le dices a este buen hombre: “Casiano, llévame a mi casa haz el favor pero me voy a cagar en tu coche”. ¡Sí sí, ese Casiano que casi todos estáis pensando! Así que aquel Nissan verde pasó cerca de mí y yo le saludé haciendo mis estiramientos con los molletes apretaos…
Allí me quedé un ratico sudando la gota gorda. Un ratico que a mí se me hizo larguíííísmo hasta que pasaron varios grupos de andarinas y se hizo un hueco lo suficientemente grande para meterme campo a través, pegando blincos cual ‘jabalí en sembrao’ en una tierra embarrá, empozándome hasta las canillas,  buscando la parte de atrás de una casa para que nadie me viese desde el camino. Imaginaros como me puse.  Quien me viese diría: “¡Éste se mete por el barro y tó, qué deportes más extremos!” ¡Acababa de nacer el ‘running-blinking-barring’! Menuda pinta tenía que tener, mezcla de Mr. Bean y bufón de la corte. ¡La madre que parió a Panete!
No daré muchos detalles, el resto ya lo podéis imaginar. En unos segundos realicé aquel exorcismo y eché de mí aquel desecho nuclear y radiactivo del que no daré descripción para no herir la sensibilidad del lector. Eso sí, se me pusieron los ojos en blanco como a la escultura del ‘Éxtasis de Santa Teresa’ de Bernini.
Tan sólo quedaba llegar a mi casa. Eso era pan comido. Cuando nadie me veía corría espatarrao, como si acabara de hacer el Rocío subido en una mula gorda. Y cuando venía gente corría normalito resbalando mis glúteos como si de dos truchas se tratara y me alejaba de los transeúntes para no aromatizarlos. Al llegar al portal, por supuesto evité el ascensor y cuando me duché y volví a bajar una vecina me dice: “oye, ¿te has dado cuenta que últimamente huele mucho a atarjea?”, y le dije: “Sí sí, sobre todo hoy”.
En verdad os digo que si salís a correr por ahí os llevéis un poquito papelejo aunque sea de periódico, a no ser que como yo queráis pasar una tarde de deporte ¡QUE TE CAGAS!

LOS ESTUDIOS DE GUISCONSIN Y MASACHUSES

Vamos a ver, vosotros -y cuando digo vosotros me refiero a los que tenéis de treinta años parriba-, vosotros cuando ibais al cole, ¿en vuestra clase había algún alérgico a algo?, porque en mi clase no había ninguno. Aunque claro, pensándolo bien, lo que pasaba es que casi seguro que había pero no lo sabían ni ellos. Ahora haciendo memoria recuerdo que a uno siempre le estaba doliendo la barriga, le daban unas“espertugás” que se ponía más blanco que Iniesta, seguro que era celíaco la criatura.
Había una muchacha que de vez en cuando pegaba una “aguarentá” y echaba toooooda la leche. La pobre  parecía un gato bodeguero dando arcás en seco. Decía el profesor: “Eso es que se le ha avinagrado la leche”. ¿Avinagrado la leeeecheee?, ¡amos nomejodas! esa pobre chica seguro que era una intolerante a la lactosa.
Y otro que tenía unas estornudaeras que como se descuidase se le salía la cabeza de encima de los hombros y siempre con la vela colgando de la nariz y cuando llegaba al labio una de dos, o sorbía o chupaba… ¡Pues eso! un  alérgico en potencia, ¿a qué? y qué sabe nadie, al polen, al polvo… a lo mejor el muchacho tenía alergia al colegio, o al avinagrado del maestro.
Al colegio se le puede tener alergia, ya lo creo, y a cualquier cosa. Basta con que aaaaaalguien  haga un estuuuudio en el que se afirme esto. Eso sí, ese estudio tiene que estar realizado y avalado por una universidad importante, aunque sea inventá. Os pongo un ejemplo… -inventao por supuesto- (esto pa que haga más gracia hay que leerlo con voz de pito o una pinza en la nariz, como el corresponsal ese que casi siempre está en Roma): “Según un estudio realizado por la Universidad de Güisconsintomar dos vasos de zumo de boniato en cada comida reduce el riesgo de infarto en un ochenta por ciento”. Ale, ale, ahí tienes a miles de personas hinchándose a boniatos en crudo cuando resulta que la noticia es falsa, falsa, más falsa que la carrera de biología de Ana Obregón.  Se la han inventado, porque resulta que en Guisconsin hay excedente de boniatos y se las ven y se las desean pa venderlos y hay que sacarlos como sea. 
Yo creo que todos los estudios sean o no inventados los tienen ahí guardaicos en un cajón pa soltarlos a la luz cuando les convenga. Os voy a poner otro ejemplo, agarraros a las aneas: “Según un estudio realizado por el Institute of  Tecnology de Masachuses, orinar de pie produce impotencia”. Ale ahora vas y lo cascas, y lo sueltan así tan a gusto como el que oye llover… Pues ahí nos tienes a todos los maromos meando sentaicos en la taza del vater, como Pocoyó, cuando resulta que la noticia es falsa falsa, más falsa que Falete a dieta. Esa noticia seguro que la han difundido previo pago por la TWAFUDW (Tired Women Asociation from Urine Drop Water)… Asociación de Mujeres Cansadas de la Goteja de Orina en el Váter. Por cierto ¿os habéis dao cuenta de lo gracioso que resulta lo de Masachuses y Güisconsin escrito así en manchego?
Pues eso, que a los estudios estos hacerles el caso justo, cualquier día nos despertamos con alguna barbaridad como por ejemplo que comer jamón y chuletones de ternera y “chorimorci” produce cáncer, ¿os imagináis?… ¡Son capaces eh! Con las carnicerías que tenemos aquí en Socuéllamos, que serán de las mejorcicas de España, con ese tocinete blanco veteao y esos chorizos coloraicos brillantes, esa papada que se  churrasca en la parrilla ahí “a su amor”, sin prisas ahí, junto a las salchichillas, cerquita cerquita de las morcillas que ya lloran, ¡ahí a su amor, al amor del ascua! orilla del forro… Ayyyy madre, con una de blanco y una de tinto, pa que el “celebro” no se líe, y un pan grande y hermoso. Adiós qué hambre me ha entrao. ¡Me voy a almorzar!
Nota del autor: cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia